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El Otro Lado de la Moneda segunda parte

 

Ernesto aun no podía creer que Judith estuviera casada con Eugenio, apenas hacia unos meses atrás seguían siendo novios. Ella aprovechó el viaje de él para comprometerse con su mejor amigo y así poder estafarlo mejor. Desde mucho antes ya habían pensado en sacarle todo el dinero a Eugenio, pero el plan era que ella no se metería en los asuntos, salvo que el la necesitara, como fue el caso cuando la solicitó para hacer parecer un accidente la muerte de los padres de Eugenio.

Ella, era una química muy buena. Inteligente, astuta, que todo lo que se proponía lograba, él la amaba, por eso estaba dispuesto a darle todo lo que ella le pidiera, pero no podía soportar que ahora estuviera con el imbécil, estúpido y bueno para nada de Eugenio. Lo peor del caso es que ni siquiera sabia que planes tenia ella al estar con ese bueno para nada, pero lo que si era seguro que no eran nada buenos, para Eugenio claro, porque para ella si, lo que le preocupaba era que si ella era capaz de esas cosas, podría ser que también a el lo mandara por un tubo ya que consiguiera lo que se estaba proponiendo. Pero bueno, mientras el seguiría con lo suyo. Tenia planeado ponerle muchos ceros a ese cheque que su mejor amigo le acababa de firmar y claro, los depositaria en su cuenta personal, porque cuando la empresa quebrara el no quería quedarse en la calle. Para eso, faltaba muy poco. La empresa ya estaba dando patadas de ahogado. Solo faltaba el golpe final.

El tiempo pasaba muy de prisa, mientras que Ernesto seguía con sus robos a la empresa, Judith se encargaba de lo suyo con Eugenio. Desde hacia tiempo, él estaba empezando a enfermar. Claro, Judith era la causante de eso, por algo era química farmacéutica y pues desde hacia mucho tiempo le administraba pequeñas dosis de arsénico, un componente químico extremadamente toxico, que se utiliza para muchas cosas entre ellas la conservación de la madera, la fabricación de herbicidas, le administraba pequeñas dosis en los alimentos, había escogido este veneno por no tener olor ni sabor, era mas fácil que no lo notara. Los problemas gastrointestinales que esto le ocasionaba, cada vez eran peores, se le empezaba a caer el cabello, la piel se le hacia cada vez más elástica y por lo tanto le colgaban pliegues de piel, se notaba pálido, la diarrea era mas constante, erupciones por todo el cuerpo que le ocasionaban mucha comezón. Ya estaba muy débil. Eran los últimos pasos de Judith para quedarse con toda la fortuna, ya que ella seria su viuda y como las dosis de arsénico que le había administrado eran pequeñas bien podía no ser detectado. Sin embargo, tenia pensado por si las dudas evitar a toda costa la autopsia, para eso existía la corrupción y bien podría sobornar hasta las autoridades mas altas. Al fin y al cabo dinero sobraba.

Aquel día Ernesto llego a la casa de Eugenio muy pensativo. Pidió mirarlo pero Judith le dijo que no estaba en condiciones, que estaba muy enfermo.

-¡Ya tenemos lo que queríamos amor! – dijo Ernesto a Judith. – vengo a darle la noticia a Eugenio que su empresa quebró y que nos vamos.

-No creo que esté en condiciones, está muy grave.

-¿Qué le hiciste? ¿Que le diste?

-Pues algo para poder lograr nuestros propósitos.

-No era necesario que le dieras nada, te dije que todo estaba en mis manos, no entiendo porque no te esperaste a que yo arreglara todo.

-Porque me desesperé Ernesto, por eso, porque tu me dabas largas y mas largas y no podía mas, no quiero ser una pobre diablo siempre, por eso planee mi propia estrategia.

-Pues ya no te sirve tu estrategia, porque no heredarás nada si el se muere, al contrario, te quedaras con las deudas que se le han acumulado. Así que no te sirve de nada matarlo. Créeme, con esto que le hicimos es mas que suficiente y será su ruina, porque no sabe hacer nada, no sabe desenvolverse, además me he encargado de crearle una muy mala fama con los mas ricos de todo el país, para que si se le ocurre pedirles ayuda, no se la den, de hecho ya lo conocen como es, de frio y déspota con las personas, que piensa que el es el rey solo porque tiene millones, bueno tenia, porque ya son míos todos esos millones amor, así que tu dices si terminamos con esto y nos vamos.

-Si ya no me queda de otra pues lo tengo que aceptar. Ya no me sirve estarlo envenenando para que se vaya muriendo poco a poco. Pero pues creo que seria bueno darle las noticias que le tenemos ¿no crees amor?

-En realidad eres mala. Pero bueno, me encantas. Y pues le daremos las noticias que jamás esperaría que le diéramos, pero ni modo, el se las buscó.

Se dirigieron los dos a la recamara donde se encontraba acostado Eugenio. Él, por supuesto se alegró de ver a su mejor amigo.

-Amigo, amigo, necesito que me mandes traer a un doctor me estoy muriendo. Consíguete al mejor, al cabo que por dinero no nos preocupamos porque tengo mucho, millones y puedes conseguir al mas caro del mundo.

-Te equivocas amigo. – Contestó Ernesto – estamos en quiebra. La compañía no tiene ni un solo cinco.

-¡¿Qué?! Pero si yo te encargue la empresa a ti, te dije que te encargaras de hacerme ganar dinero. ¿Qué paso? ¿Dónde quedo mi dinero?

-Lo siento, unas malas inversiones, gastos de mas, en fin todo esta por terminado, la verdad la empresa ya no es tuya, cada quien vendió sus acciones cuando la crisis llegó.

-¿Por qué no me habías dicho nada?

-Por que no quería preocuparte, me dijeron que estabas enfermo y pues no quiero causarte mas daño. En fin, te aviso que esta casa tampoco ya es tuya, tuve que hipotecarla desde hace seis meses y pues como no se ha abonado nada, ha pasado a propiedad del banco, ni siquiera los muebles, así que un día de estos te echan a la calle.

-Pero pues gracias a dios tengo a mi hermosa mujer y a mi mejor amigo conmigo me imagino que tienes un plan, tú siempre tienes uno.

-Claro que tengo un plan. Pero tu no estas en el. Me voy Eugenio, he logrado hacer unos ahorros y creo que me alcanza para vivir bien el resto de mi vida.

-Pero, tú no me puedes hacer esto, somos amigos desde siempre.

-Lo siento, pero tu maldita prepotencia, tu inocencia de niño, todo eso me tiene harto, así que ni modo, te quedas solo. Dijiste que podías vivir muy bien, vamos viendo si eres capaz de sobrevivir, tendrás que pedirle ayuda a la gente que en un tiempo humillaste, a ver si quieren ayudarte. Te recomiendo pongas cara de lastima, a ver si así pueden ellos si quiera ablandarse el corazón, el cual tu no tienes, pueda ser que le hagas compañía a la señora que pedía limosna y que pateaste porque dijiste que malamente esas personas estaban ahí y que si eran pobres y pedían dinero era porque ellos querían. ¿Qué ya no te acuerdas?

-No pensé que tú me hicieras esto. Si gracias a mi saliste de pobre, te di trabajo, mi confianza y así me pagas.

-ja j aja que ironía ¿verdad? Ahora tu eres el que esta aquí llorando. Si te salvas de esta, puedes buscarme, a lo mejor tengo trabajo para ti de limpia botas. Pobre niño rico. Imbécil. Me voy y espero jamás volver a ver tu maldita y fea cara.

-Sácalo de aquí Judith, sácalo. Que se vaya el maldito malagradecido.

-Yo también me voy, con el claro. Ahora el es el que tiene dinero, tu eres un pobre diablo, siempre lo has sido pero lo tapabas muy bien con tu fortuna. Y pues Ernesto y yo siempre hemos sido novios, lo que pasa que me impacienté de que no me daba dinero, por eso me casé contigo.

-Pero los te amo, las veces que hicimos el amor, lo que disfrutamos juntos.

-Pobre Eugenio ingenuo, todo eso lo fingí para que pudieras darme todo el dinero que quería. Lástima, ya no podrás darme nada, por eso me voy. Ah y si acaso estas enfermo es por mi culpa. No creo que sobrevivas, porque las dosis de arsénico que puse en las comidas cada vez eran más fuertes. Así que lo siento, creo que este es nuestro adiós para siempre.

Sin decir una palabra más, Judith tomó de la mano a Ernesto y salieron de ahí. Eugenio se quedó llorando, quejándose de su suerte y de la confianza que le había tenido a esos dos sinvergüenzas.

Como por arte de magia y sin necesitar doctor a los días empezó a sentirse mejor. Aunque eso no era lo peor que le pasaría porque justo como le dijo Ernesto, los del banco llegaron y embargaron todo lo que poseía. Ahora, estaba en la calle. Fue a pedir ayuda a los amigos de sus padres y a muchos otros conocidos en los medios empresariales, pero ninguno le quiso ayudar. Todos en su tiempo habían sido humillados por el. No sabia hacer nada, nunca se había preocupado por aprender, la carrera la había terminado copiando y comprando los resultados, de hecho pagó por el titulo y la cedula profesional. Estaba perdido, no tenia casa, no tenia trabajo, ni siquiera dinero. Lo único que tenía era HAMBRE. Tendría que hacer algo que jamás pensó hacer y que por lo tanto odiaba: Pedir limosna.